top of page

Don Segundo

  • Foto del escritor: S.D.Esteban
    S.D.Esteban
  • 28 feb
  • 2 Min. de lectura

No recuerdo bien su cara, pero sí que bajo su pelo canoso rizado y tras sus gafas de pasta blanca refulgían unos pequeños y bondadosos ojos grises.

Debía tener alrededor de cuarenta años. Yo, por aquel entonces, contaba con doce y cursaba sexto de E.G.B. Él era mi tutor y el director de mi colegio, Maria Inmaculada, En Puerto de Sagunto, Valencia.

Don Segundo era un profesor singular. Colgaba las preguntas del examen de matemáticas en el corcho de la clase para que pudiéramos estudiarlas con antelación y aprobásemos todos. Decía que quería que aprendiéramos, no un examen con preguntas rebuscadas en el que pudiera “pillarnos”. Si respondíamos correctamente a todas las preguntas teníamos un suficiente. Si queríamos subir nota, debíamos presentarnos a un examen del que no sabíamos de las preguntas, pero que tampoco estaba hecho para “pillarnos”.

Una de las cualidades que más admiraba de él era su templanza. Parecía que nada pudiese sacarlo de sus casillas. Su tono de voz era siempre sosegado y tranquilo, y actuaba también de la misma forma. Era todo corazón.

Recuerdo que siempre solicitaba voluntarios en matemáticas para explicar la lección que previamente se debía de haber estudiado en casa. En clase, sobre la tarima y exponiendo en la pizarra, el voluntario debía explicarla al resto de los alumnos. En una ocasión en que solicitó voluntarios yo, como siempre, levanté la mano. Fui la única en hacerlo. Él me puso el punto positivo como si hubiera explicado bien la lección sin necesidad de salir a la pizarra y fue él quien expuso el tema.

A consecuencia de mis buenas notas, yo no gozaba de demasiada simpatía entre un grupo de compañeras que se dedicaba a insultarme y mofarse de mí. Don Segundo, que se daba cuenta de todo, organizó una charla sobre el “bullying”, como se le llama ahora.

En otra ocasión, la profesora de ética —no me conocía personalmente. Yo asistía a clase de religión con Don Segundo— descartó mi redacción para un programa de radio. Lo hizo sin más, tal vez porque la consideró demasiado extensa. Desconozco lo que sucedió exactamente, pero Don Segundo intervino para que mi redacción fuera una de las que se leyera en aquel programa. Estoy completamente segura de que si no hubiera sido una redacción de calidad no la hubiera hecho incluir. Creo que, simplemente, consideró injusto que se descartara sin más. Don Segundo tenía esas cosas.

Todavía, más de cuarenta años después, conservo algunas de las notas que escribió a mis padres en referencia a mi conducta y calificaciones.

Falleció de un cáncer de garganta. Él, que nunca sostuvo un cigarrillo entre sus labios y que de su boca jamás salió una palabra amarga.

El mundo perdió un gran profesor; yo perdí un amigo.

No recuerdo haber asistido a su entierro ni nada sobre las circunstancias que lo rodearon. Por entonces, yo solo era una adolescente. Mi mente ha debido borrarlo, como el borrador eliminaba la tiza de un ejercicio incorrecto sobre la pizarra. Sin embargo, cuando vuelvo al Puerto y paso por su calle, levanto la vista hacia su balcón y pienso: “Aquí vivía Don Segundo: el mejor profesor que he tenido”.


8 comentarios


noeliayago
noeliayago
09 mar

Precioso homenaje a un gran profesor. Todos hemos tenido un Don Segundo. El mío se llama Don Isabelo, y da la casualidad que era el director del centro y me daba matemáticas también.

Como tú, lo recuerdo con gran cariño, por ser un gran profesor y mejor persona. Uno de los recuerdos que me marcó fue cuando después de Navidades teníamos un examen de Ciencias Naturales y a mí no me lo hizo porque me incorporé más tarde al colegio por el fallecimiento de mi padre el 7 de Enero. En principio, me lo iba a hacer más adelante, pero creo que entendió que estaba muy afectada y que no había podido estudiar nada porque mi padre estuvo ingresado todas…


Me gusta
S.D.Esteban
S.D.Esteban
10 mar
Contestando a

Gracias por compartir la historia de tu Don Segundo, Noelia. ¡Qué importante es la empatía y cuánta falta hace! Me alegro que ambas la encontrásemos en nuestros profesores y lo hayamos guardado en nuestros recuerdos. Un abrazo.

Me gusta

rodrigomartinezpuerta
01 mar

Muy bonito homenaje. Qué difícil es la docencia y cuánto le debemos a los buenos profesores. Incalculable.

Me gusta
S.D.Esteban
S.D.Esteban
01 mar
Contestando a

Desde luego. Un buen maestro es un gran tesoro. Y cada vez más escaso. Un abrazo, Rodro. Y gracias por estar ;-)

Editado
Me gusta

montsefuster.mon
montsefuster.mon
28 feb

Me hubiese gustado tener a Don Segudo como profesor. Los buenos mestros nunca se olvidan… pero también es necesario ser buena alumna. La vida es un continuo aprendizaje y se necesitan personas bonitas para poder vivirla con actos y recuerdos.

Me gusta
S.D.Esteban
S.D.Esteban
01 mar
Contestando a

Personas bonitas como tú. Muchas gracias, Montse. Yo no lo hubiera expresado mejor. Un abrazo.

Me gusta

S.D.Esteban
S.D.Esteban
28 feb

Sí. Es curioso como algunas personas te marcan y otras son relegadas al olvido.

Gracias por el comentario y por seguirme. Un abrazo, Beatriz. Nos seguimos leyendo ;-)

Me gusta

beaolis
28 feb

Quien tuvo a un buen profesor disfrutó de un tesoro. Ahora de adult@s, infinidad de "profesores" nos enseñan, solo hay que prestar atención.

Relato muy emotivo. Su esencia también se acuerda de tí, estoy segura😍

Me gusta
Join my mailing list

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

bottom of page