Te miro a la cara en tu velatorio y siento nauseas, padre. Recuerdo esos ojos negros siempre rebosantes de rabia bajo esas cejas pobladas también siempre arrugadas y se me revuelve el estómago; me asquea tu nariz aguileña casi tan afilada como tu lengua, esa boca que ya nunca abrirás pero que tanto esfuerzo costaba que permaneciera cerrada; esa barba canosa que, aún siendo espesa, esconde mucho menos de lo que debería ocultar.
Mi desprecio se envalentona frente a ti. No hay rincón de mi mente que no albergue recuerdo de una bronca, una mano alzada, unas palabras envenenadas lanzadas como dardos directos al corazón. Siempre creyendo estar en posesión de la razón, siempre intentando quedar por encima, siempre soltando la última palabra.
Pues bien, ya no habrá más palabras para ti. Contigo en el ataúd también he enterrado los malos recuerdos. Quiero aprender a dejar todo atrás, a que nada de lo que diga o haga me recuerde a ti, a enterrarte más profundo todavía.
Ya en casa coloco espuma de afeitar sobre mi barba y paso la cuchilla con lentitud sobre mi rostro con la intención de llevarme con ella todo aquello que no sea mío, repitiendo el movimiento una y otra vez para liberar mi piel de todo rastro que me recuerde a ti.
Al terminar observo de nuevo mi cara en el espejo: mis ojos negros, mis cejas pobladas, mi nariz aguileña.
Arrugo las cejas y maldigo.
Hola Silvia.
Un buen microrrelato, breve y preciso.
"...No hay rincón de mi mente que no albergue recuerdo de una bronca, una mano alzada, unas palabras envenenadas lanzadas como dardos directos al corazón."
No dejas lugar a interpretaciones, te felicito. 👏👏👏
El efecto final lo anuncias en el título: los Genes...👌
Un saludo
Suerte que a veces se hereda también rasgos bonitos y …conductas bonitas.
Magistral...se palpa el rechazo, me has dejado sin palabras👌🏻. Me ha hecho pensar y en mi caso, espero transformar todos mis genes en algo mejor... ❤️