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No se toca

Foto del escritor: S.D.EstebanS.D.Esteban

El padre, nada más llegar de la tienda, colgó en la pared de madera del comedor de su casa el majestuoso y caro reloj que acababa de adquirir. Después, puso a sus hijas en fila delante de él. “¿A que es bonito?”, les dijo.

—¡Tócalo! —ordenó a la mayor, la primera de la fila.

Esta se giró hacia las otras y se volvió de nuevo hacia el padre sin moverse del lugar en se encontraba.

—¡Venga, tócalo! —insistió el padre

Unos pasos dubitativos la llevaron hacia delante para volver a girar la cabeza hacia el padre. Ante el gesto afirmativo de este, la niña alargó despacio su manita y, con su pequeño dedito, rozó uno de los brillantes cilindros dorados que colgaban de la caja del nuevo reloj. Acto seguido el padre, agarrándola del brazo, le propinó dos sonoros azotes en el trasero y la sacó de la fila mientras lloraba desconsolada.

La hermana mediana y la pequeña continuaban en fila delante del reloj con los ojos encharcados en lágrimas y removiéndose inquietas.

—¡Ahora tú! ¡Tócalo! —le dijo el padre a la hermana mediana.

—No, papá...

—¡Tócalo te he dicho!

La mediana acercó obediente su cuerpo tembloroso al reloj y, apenas hubo tocado levemente con su dedito el cilindro que instantes antes había rozado la hermana mayor, cerró los ojos con fuerza. El padre, alzándola del suelo, la azotó y colocó junto a su hermana mayor.

Ambas lloraban angustiadas entre hipidos y mocos.

—Solo quedas tú.

—No papá. ¡No lo quiero tocar! Por favor, papá, no me pegues. No lo tocaré; te lo prometo. No me pegues, por favor, papá...

—¡Que lo toques! —le gritó el padre al tiempo que la cogía del brazo y la empujaba hacia a su nuevo reloj.

Los dedazos del padre atenazaban la delicada piel de la pequeña y esta, llorando y pidiendo clemencia como si estuviera ante la mismísima silla eléctrica, no cesaba de repetir que no le pegara mientras estiraba de su cuerpo hacia atrás sin conseguir alejarlo un solo milímetro.

Después de que el frágil cuerpecillo de la niña empujado por la violencia del adulto rozara el temido reloj, el padre propinó los correspondientes azotes a la pequeña que, presa del pánico, agitaba en el aire unas piernas por las que fluían cálidos ríos.

 
 
 

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4 commentaires


montsefuster.mon
montsefuster.mon
hace 3 días

Un relato vivo, tanto… que me ha hecho sentir como las niñas del relato… una mezcla de terror y sumisión a un padre maltratador.

👍


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S.D.Esteban
S.D.Esteban
hace 3 días
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Demasiado vivo, diría yo ;-)

Un abrazo enorme y mil gracias también, Montse.


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beaolis
hace 3 días

Un relato tan bien escrito que me llena de asco, rabia e impotencia... el tema es como poco desagradable, pero esas situaciones también merecen tener su voz. Perfecto.

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S.D.Esteban
S.D.Esteban
hace 3 días
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Gracias, Bea. Contaría mil historias y todavía me faltarían protagonistas a los que dar voz. Un abrazo y mil gracias ;-)

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