El escondite
- S.D.Esteban
- 1 oct 2020
- 5 Min. de lectura
La anciana que morirá de un modo cruel en tan solo dos días estaba durmiendo cuando un ruido en la casa la ha despertado. Todo está a oscuras. Saca el brazo por debajo de las mantas para encender la lámpara que descansa sobre su mesita de noche y averiguar la hora que es. Las tres y veinte de la madrugada. ¿Acaso lo habrá soñado? Agudiza el oído por si vuelve a escuchar algún sonido proveniente de la casa. ¡Ahí está! Parece que hay alguien en la cocina de abajo. Se percibe ligeramente desde la habitación el sonido de los cajones de la cocina al abrirse y cerrarse, como si alguien estuviera buscando algo. ¿Será un ladrón? ¿Quién si no un ladrón podría estar revolviendo entre sus cosas a estas horas? Solo ella tiene la llave de su casa. No quiso dejársela a nadie. Sus amigas de confianza ya murieron hace años y sus vecinas son demasiado cotillas o demasiado jóvenes. Ahora uno no puede fiarse de la juventud. Todos son unos drogadictos o unos maleducados. Y su hijo tampoco tiene llave. No la necesita. Para tres veces al año que viene a visitarla y siempre porque necesita algo... Cría cuervos…
El ruido de los cajones ha cesado. De nuevo se oyen pasos en el piso de abajo. Parece que el ladrón ha salido de la cocina. La anciana está asustada y no sabe qué hacer. Siente la necesidad de taparse con las mantas hasta la cabeza como cuando era niña pero es consciente de que eso no servirá de nada. ¿Qué puede hacer? Mira hacia los lados de la habitación buscando una solución. Es demasiado vieja para pelearse con nadie. No quiere que le den un golpe y acabar en el suelo, como todas esas ancianas que salen en la televisión agredidas por ladrones en los portales de sus pisos. Por ella pueden llevarse todo lo que quieran de su casa, pero no quiere que le hagan daño. Su respiración se acelera cuando oye los pasos subir por las escaleras. Ya no le da tiempo a salir de la habitación sin ser vista. Entonces le viene a la mente la imagen de ella y su hermano jugando al escondite por la casa cuando eran niños. Esta casa era ya antigua cuando ella era tan solo un bebé. Recuerda que ella se escondía en un cubículo secreto que hay tras el fondo del armario. Hace una eternidad que no se usa y es muy pequeño. Tan solo hay espacio para una persona de pie; pero está segura de que allí no será descubierta y estará a salvo.
Sale de la cama haciendo el menor ruido posible, abre el armario, retira la ropa y se introduce en él. Después cierra el armario, abre el compartimento secreto, vuelve a colocar la ropa en su sitio y cierra la puerta del escondite. Sólo entonces recuerda que no puede encerrarse por dentro. El cierre del pequeño cubículo está por fuera, en un sitio apenas perceptible, y mucho menos con toda esa ropa delante, de modo que intenta tranquilizarse para no malgastar demasiado oxígeno allí dentro. Lo ha visto en las películas de terror; esas que tanto le gustan y que siempre ve sola porque no tiene a nadie que le acompañe. Pero esto no es una de esas películas. Está sucediendo de verdad. Hay un ladrón en su casa y desde allí puede oír perfectamente como ha entrado en su dormitorio y lo está revolviendo todo.
Es consciente de que el ladrón debe pensar que hay alguien en la casa. La cama está caliente, deshecha y se ha dejado sin querer la lámpara de la mesita de noche encendida. Sin embargo, se siente segura allí dentro. Él no será capaz de encontrarla, y cuando coja las joyas que hay sobre la cómoda se marchará y ella podrá salir de su escondite. Solo tiene que tener paciencia y esperar un rato más allí quieta y callada. Sin embargo, su corazón se acelera cuando escucha como el ladrón abre las puertas del armario. Late con tanta fuerza que la anciana tiene miedo de que él pueda oírlo. Intenta respirar despacio para poder calmarse. Es imposible que conozca el escondite. No puede verlo. No puede saber que está ahí. Pero entonces oye un ruido de perchas al moverse. ¿Por qué estará rebuscando en su ropa? ¿Qué espera encontrar ahí? ¿Por qué no coge las joyas y se marcha? Al cabo de unos segundos cesa el ruido de las perchas, pero continúa escuchando pasos en su dormitorio y el sonido de abrir y cerrar cajones. La anciana suspira aliviada al darse cuenta de que no ha sido descubierta. Ya queda menos para que el ladrón se marche. Ya sabía ella que allí no la encontraría nadie. Todos los que conocen el escondite ya están muertos y enterrados. Los que les vendieron la casa a sus padres, sus padres, su hermano. Todos muertos. Solo tiene que esperar a que el ladrón coja lo que quiera y se marche; y espera que lo haga pronto, porque ya empieza a notar el peso de su cuerpo en sus desgastadas rodillas. No podrá aguantar de pie mucho más tiempo.
- ¿Sabe? Nadie va a echarla de menos. Ahora mismo estoy colocando su ropa en su vieja maleta para simular que se ha ido de viaje. De todos modos, ¿a quién le va a importar? ¿Quién va a preguntar por usted? ¿Sus amigas muertas? ¿Las vecinas con las que apenas cruza una palabra? La gente siempre le ha importado una mierda. Lo único que le ha importado en la vida ha sido esta puta mansión. Siempre he tenido la impresión de que esta puta casa era más importante para usted que yo mismo. Ni siquiera me permitía jugar en ella cuando era niño. Nunca quiso deshacerse de ella; ni siquiera cuando yo se lo pedí porque necesitaba el dinero. ¡Necesitaba el dinero, joder! ¡Usted es mi madre! ¡Tenía que haberme ayudado! Pero no; la casa era más importante que yo. Usted no podía irse a vivir de alquiler a algún apartamento con lo que sacáramos de la venta. Noooo. Usted tenía que quedarse a vivir aquí para siempre, en su amada casa. Pues mire, no soy tan mal hijo. Al final le voy a conceder lo que usted siempre quiso.
La anciana se siente confundida. ¡No se trata de un ladrón! ¡Es su propio hijo el que ha entrado en su casa! ¿Pero qué es lo que quiere ahora? Ahora que sabe que es su hijo el que está ahí fuera se siente aliviada pero, ¿por qué no le avisó de que venía? ¿Y por qué ha venido a estas horas? ¡Menudo susto le ha dado! Menos mal que ya puede salir de allí; ya casi siente como tiemblan sus piernas del esfuerzo. La anciana empuja la puerta del cubículo pero ésta no se abre. Qué extraño, piensa. Algo debe de haberla atascado. Lo intenta de nuevo con más fuerza, esta vez utilizando el peso de su propio cuerpo, pero la puerta sigue sin abrirse.
- ¡Alberto! – grita desde dentro de su cubículo-. ¡Estoy en el escondite del armario! ¡La puerta ha debido atascarse! ¡No puedo salir de aquí! ¡Ayúdame!
- ¿Como usted me ayudó a mí cuando necesitaba el dinero? - le responde irónico su hijo. Y luego añade con desprecio -. La puerta no se ha atascado madre.
Después coge la vieja maleta de su madre y, desde la puerta de su habitación, pronuncia las últimas palabras que oirá la anciana señora:
- Ya puede darme las gracias, madre. Va a permanecer en esta casa para siempre. ¿No es lo que usted quería?
Jolín.... Qué cruel.... 😱 Vaya tela!!!
Ja,ja,ja. Hay por ahí cada uno
Sera cabron el hijo.....
Muchas gracias, Bea. Me alegro que te haya gustado.
Me ha hecho pasar miedo...sabes que algo malo va a suceder pero no puedes evitar seguir leyendo.... muy terrorífico🎃🎃🎃